
En 1948, el andaluz Vicente Pinzón aprovechó una autorización de los reyes de España para emprender un viaje de descubrimiento al Nuevo Mundo. Sin entrar en detalles históricos pero sin obviar lo fundamental, les diré que merced a aquel mágico momento de aventuras marítimas y tras diez meses de dura navegación, aparecieron las costas brasileñas, concretamente cerca de la actual Recife, ciudad mezcla de rascacielos y favelas unidas como un todo inseparable. Sin embargo, en virtud de las decisiones del Tratado de Tordesillas, que modificaba la línea de partición instaurada en 1493 por el Papa Alexandre VI para delimitar los imperios portugueses y español, el nuevo territorio fue atribuido a Portugal. Llegaron inmigrantes de todas las nacionalidades: portugueses, italianos, japoneses, españoles, alemanes, árabes, coreanos, chinos, polacos, etc. Y con ellos llegaron nuevos hábitos, tradiciones y costumbres que se integraron a la cultura del país de forma sorprendentemente armoniosa. Todos han contribuido a formar parte de la historia y cultura brasileña. Ellos han colaborado a que Brasil sea más fascinante todavía, al enriquecerlo con nuevos puntos de vista y nuevos sentimientos. Los conquistadores le dieron equilibrio, diseño, crecimiento demográfico y económico, urbanismo, elegancia y un buen número de esclavos. Los brasileños recubrieron sus calles de olor a mango, orquestas, bailes y frenesí. El mar hizo el resto. Hoy, Brasil es el experimento de una tierra rica en mestizajes, que no en felices mestizajes.Las características más destacadas de los brasileños son el espíritu generoso y solidario y el buen humor y la irreverencia de su comportamiento. La combinación de este temperamento con la enorme extensión territorial del país hace que sea una tierra “en donde siempre hay lugar para uno más”. Este país ha recibido con cariño a miles de inmigrantes en busca de un mundo nuevo en el que pudieran construir o rehacer sus vidas y confiar en el futuro, y cómo no, recibe a miles de turistas todos los años. Basta que los rayos del sol brinden un poco de clemencia para que bajo los cocoteros de sus cálidas playas bañadas por un acogedor Atlántico, comiencen a aparecer jóvenes y no tan jóvenes ofreciendo al turista del momento, cacahuetes, bronceadores, baratijas, gafas, macedonia de frutas, helados, bebidas, agua de coco, sabroso y excitante guaraná del Amazonas, y un sin fin de productos que aportan colorido al ya de por sí iluminado Brasil.Los brasileños disfrutan de cada uno de los minutos del día, apuran a fondo su tiempo de ocio, mientras que con los primeros acordes de música callejera desperezándose, los jóvenes coquetean en la calle principal de la inolvidable población costera de Gaibu, al norte del país. Un paseo por las principales arterias de la región pernambucana, Olinda, Recife, Cabo de Santo Agostinho, Calhetas, Enseada dos Corais, Itapuama, Suape, Nazaré y Porto Galinha, entre otros, nos permiten encontrar una buena perspectiva del Brasil más bello y acogedor, aquel que ofrece alegría para quienes buscan bullicio, y tranquilidad para quien llega cansado de la locura y el estrés del día a día.
Da igual qué camino se tome. Al aterrizar en Brasil y mimetizarse con sus gentes, nos atrapa un imán difícil de repeler. La idea de volver se torna en deseo insospechado. Las vacaciones en Brasil se convierten en lentitud y no hay tiempo para asuntos graves. Brasil es un sitio que tiene de todo un poco. La diversidad cultural y de los paisajes son dos puntos fuertes en este sentido. Sin embargo, lo mejor que tiene Brasil sólo es posible conocerlo al llegar aquí: su gente. La mezcla étnica dio como fruto este pueblo alegre y festero, pero fuerte, luchador y lleno de orgullo de su tierra, poseedor de un espíritu hospitalario como no se encuentra en ningún otro lugar. La combinación de todas estas características hace que Brasil sea el destino ideal de quienes quieren ser bien recibidos y tratados como si estuvieran en casa.Después de la fiesta, nada mejor que disfrutar de las bellas playas del país, que se extienden a lo largo de más de siete mil kilómetros. Es imposible permanecer indiferente a la belleza natural de esos paraísos de arena blanca y mar del color de las turquesas. El interior de Brasil también guarda tesoros naturales que encantan y sorprenden a todos, hasta a los más exigentes viajeros. Brasil es deleite para los ojos y descanso para el alma. Una mezcla única de alegría, belleza, colores, hospitalidad y mucho placer.
Da igual qué camino se tome. Al aterrizar en Brasil y mimetizarse con sus gentes, nos atrapa un imán difícil de repeler. La idea de volver se torna en deseo insospechado. Las vacaciones en Brasil se convierten en lentitud y no hay tiempo para asuntos graves. Brasil es un sitio que tiene de todo un poco. La diversidad cultural y de los paisajes son dos puntos fuertes en este sentido. Sin embargo, lo mejor que tiene Brasil sólo es posible conocerlo al llegar aquí: su gente. La mezcla étnica dio como fruto este pueblo alegre y festero, pero fuerte, luchador y lleno de orgullo de su tierra, poseedor de un espíritu hospitalario como no se encuentra en ningún otro lugar. La combinación de todas estas características hace que Brasil sea el destino ideal de quienes quieren ser bien recibidos y tratados como si estuvieran en casa.Después de la fiesta, nada mejor que disfrutar de las bellas playas del país, que se extienden a lo largo de más de siete mil kilómetros. Es imposible permanecer indiferente a la belleza natural de esos paraísos de arena blanca y mar del color de las turquesas. El interior de Brasil también guarda tesoros naturales que encantan y sorprenden a todos, hasta a los más exigentes viajeros. Brasil es deleite para los ojos y descanso para el alma. Una mezcla única de alegría, belleza, colores, hospitalidad y mucho placer.
Cómo llegar. Brasil está en el programa de la mayoría de las compañías aéreas internacionales. Ya son veintinueve empresas áreas las que realizan decenas de vuelos diarios. Qué comprar. Bikinis, cerámica, cuero, madera y café. Qué comer. “Peixada” pernambucana cocinada con legumbres, langosta, camarones con coco, “agulhina” cocinada con harina de mandioca y salsa. Qué no hacer. Topless. Qué llevar en la maleta. Ropa de baño, de verano, cómodos zapatos y deportivas, gafas de sol, bronceador, protector solar y crema hidratante, repelente de mosquitos y analgésicos, artículos de baño y de aseo personal. Importante. No olvidar la cámara de fotos, la vídeo grabadora, pilas y un mini kit de costura.